Me cuelgo mucho. Cuando digo mucho es por lo seguido que me
cuelgo y por el tiempo que transcurre mientras estoy colgado.
Y la expresión “colgarme” o estar “colgado” es muy acertada.
Pues me cuelgo de las imágenes, de esas situaciones fortuitas en las que nada
tiene que ver el azar y que son imposibles de repetir o fabricar sin que lo
artificioso sea evidente.
Son instantes que me quedo observando, sin intervenir, solo
mirando, colgado de la mirada, colgado de la imagen.
Pero me doy cuenta que esas imágenes son lo que son pues
ocurren en ese momento y solo en ese momento, pues la cuarta dimensión es la más
implacable de todas.
Y cuando me cuelgo de la imagen, la fotografío. Y al darme
cuenta que ese retrato fugaz de una realidad que no va a volver a existir solo
era para mí, premio a mi forma de colgarme, decido intervenir la imagen que me
fue regalada en estado de materia prima.
Hoy uso una aplicación para celulares, como en algún momento
use el laboratorio o los soft HDR. Y mañana usaré otra cosa. Lo que se es que
seguiré colgándome.
(Todas las fotos fueron tomadas con un celular LG L3 y tratadas con la aplicación Instagram sin retoque posterior)